
CHAU, MAGA
Dale, Maga, apurate que falta poco. Unas cuadras, nomás. Deben estar intranquilos, vamos más rápido. No me hagas tironear de la correa, sabés que no me gusta. Estás inquieta, sé que algo te dice que ésta no es una salida más, por eso te resistís y querés seguir en la calle.
Y tenés razón, Maga, esta vez estoy decidida, abandono todo y me voy. Nadie lo sabe, no tuve el valor de decirlo, les resultaría tan inesperado como inexplicable, no entenderían.
No sé si es esta ciudad tan extraña y sofocante la que me impulsó a tomar esta decisión tantas veces postergada. No quiero ni puedo continuar aquí, me siento como encerrada, amurallada, necesito libertad y distancia para pensar en esto que me pasa, acabar con este vacío, con esta tristeza que viene de tan lejos, desde siempre, y no me deja ser yo. Estoy como sin saber de mí, no me reconozco.
Necesito encontrarme con los sentimientos y las ilusiones que quedaron atrás, que perdí de vista. Abrir este puño, para que tantos deseos guardados, contenidos, salgan, fluyan, estallen para así no estallar yo.
Sabés, Maga, no quiero más esta angustia, esta vida sin ventanas, necesito abrir boquetes y dar respuestas a mis preguntas. Ir y venir con entusiamo, dejar atrás el desencanto y, principalmente, encontrar un nuevo punto de partida. Quiero liberarme de la rutina del trabajo, de la familia, de un destino no elegido, opaco, que me obligó a olvidarme de quién soy, volver a encontrarme y vivir con intensidad mis sueños más queridos.
Te pido que al llegar a casa no ladres ni llores, para no alertar a nadie, dame un rato para llegar al taxi, que estará esperándome en la esquina.
Ya casi llegamos. Un rato más y tendré que dejarte, abriré la puerta despacito y la cerraré una vez que estés adentro. A partir de ese momento, comenzaremos a extrañarnos.
Llegamos, te dejo. Por favor, entendeme.
Chau, Maga.

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